sábado, 24 de septiembre de 2011

Javier Bassi gana el concurso para el Mural del Bicentenario - Jorge Abbondanza - El País



El artista plástico Javier Bassi ha sido elegido ganador de un importante concurso para el Mural del Bicentenario, organizado por la Regional Norte de la Universidad de la República.
En su sede de la ciudad de Salto, la Regional Norte de la Universidad organizó un concurso para el Mural del Bicentenario a implantarse en el edificio del organismo. Auspiciado por la Comisión Nacional del Bicentenario que depende del MEC, el certamen convocó a los artistas nacionales y contó con un jurado integrado por Mariano Arana, Gustavo Scheps y Jaime Sztern.
Ese tribunal resolvió por unanimidad otorgar el premio al pintor Javier Bassi, concediendo asimismo menciones especiales a los proyectos de Claudia Ganzo Bracco, Marcelo Roux, Carolina Lecuna, Nicolás Moreira, Juan Pablo Conte Zunini, Aníbal Lattanzio y Javier Nicomedes Freire. Todos esos envíos serán exhibidos próximamente en el edificio de la Regional Norte.
No hace falta reiterar que Javier Bassi es uno de los nombres más destacados de la generación actual de plásticos uruguayos, contando con un prestigio de escaso paralelo entre sus contemporáneos. A los 47 años, ha recorrido una trayectoria de alcance internacional con numerosos premios y distinciones, a lo que se suma un reconocimiento general de la crítica.

Portada del Diario La Prensa
Su trabajo se caracteriza por un notable dramatismo en el tratamiento de la imagen y en el empleo del color, dos rasgos que acompañan el rigor con que se ha sujetado siempre a una línea expresiva no solo inconfundible sino además extremadamente personal y de permanente severidad, cualidades que se han acentuado recientemente, como quedó demostrado en la gran muestra individual que llevó a cabo hace pocos meses en el Museo Nacional de Artes Visuales, donde desplegó una serie de piezas de gran formato en las que dominaban las superficies de un negro intenso apenas surcadas por trazos blancos, que surgían como grietas o cicatrices a través de las extensas superficies monocromas.
A pesar de que el oficio pictórico es por su naturaleza una labor solitaria donde es frecuente el aislamiento y hasta el encierro personal del artista, el caso de Bassi es un ejemplo extremo de todo ello, quizá por su indeclinable fidelidad a ciertos cauces de lenguaje en los que jamás ha hecho concesiones a tendencias o escuelas ajenas a su ensimismada visión del hecho plástico, lo que contribuye a la potencia de sus realizaciones y a la estima que merecen su método de trabajo y su actitud personal frente a él.
Su obra es ajena a todo intento de seducir exteriormente al observador y se atiene a lo contrario: a una exigencia casi ritual, dotada de la apariencia de una pobreza franciscana y una porfiada economía de recursos visuales, como si operara no por adición sino por sustracción. El resultado de esa obstinada postura es un ejemplo bastante único dentro de la pintura uruguaya de estos tiempos y no es por cierto una producción de disfrute inmediato sino gradual, que demanda al público una contemplación apaciguada y larga para llegar a penetrar en su relativo misterio y en su escondido poder de sugestión.
Este premio salteño en torno al mural de la Universidad se añade a esa carrera y esa obra personal, para resaltar de paso la presencia en el medio artístico de un creador tan singular.

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